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miércoles, 26 de marzo de 2014

¿Qué es decidir?


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Ay, ahora..., ¿Qué hago?

No es fácil elegir, y mucho menos hacerlo de manera correcta. Pero a no desesperar: existen numerosas herramientas para identificar posibles obstáculos y desarrollar el imprescindible arte de la toma de decisiones
Por  y   | Para LA NACION
Cuántas decisiones se toman al día? ¿Unas pocas, una decena, cientos? A lo largo de cada jornada elegimos muchas veces; algunas elecciones son relevantes y otras son poco significativas, pero todas, en mayor o menor medida, van moldeando la vida que acabamos por tener. Por eso son tan importantes. ¿Pero qué hace que se tome una mejor o peor decisión? ¿Qué aspectos de una persona y de la realidad confluyen para que cada quien opte por el camino que finalmente toma?

DE QUÉ SE TRATA

Decidir es un proceso que comienza con el reconocimiento de un problema o un conflicto y, en el mejor de los casos, termina con una elección que cobra vida cuando la solución puede aplicarse en un contexto determinado. Puede decirse entonces que decidir es un proceso donde están involucrados la persona que selecciona la opción entre varias alternativas de acción, las metas que la persona pretende alcanzar con sus acciones, sus preferencias, los criterios que utilizará para seleccionar, la estrategia que elegirá para alcanzar sus objetivos, los recursos de que dispone, la situación del entorno que la rodea y, por supuesto, el resultado, que conlleva un cierto grado de riesgo o de incertidumbre. Además, la libertad y el tiempo disponibles para evaluar las diversas opciones resultan también factores determinantes en el proceso de decidir.
La perspectiva básica desde la que alguien elige es lo que se denomina su paradigma. Lo cual no es otra cosa que un mapa cognitivo; es decir, la suma de creencias que configuran el universo personal y desde el que cada uno decide en función de su percepción de determinada situación. Lo que importa destacar aquí es que cada uno de nosotros percibe la realidad desde su propia mirada: ésta no es otra cosa que una construcción personal. Como si esto fuera poco, lo que percibimos determina lo que hacemos. Pero eso no es todo. Por lo general, las respuestas a los problemas se basan en las experiencias pasadas, que con el tiempo fueron forjando patrones dominantes de pensamientos llamados estereotipos. Y una de las razones por las que estos estereotipos tienen tanta vigencia es porque están cargados de emociones. Como escribe Estanislao Bachrach en su libro Ágilmente: "No somos seres racionales con sentimientos. Somos seres emocionales que aprendimos a pensar". Pero si lo que aparece es una situación nueva, los patrones de pensamiento no sirven. Y, por lo tanto, es necesario buscar una nueva respuesta a eso que nos desafía. Entonces, ¿cómo decidir de la mejor manera posible en un contexto nuevo?

¡ATENCIÓN!

Cada elección implica enfrentarse a una serie de factores que condicionarán la opción a tomar. Conocerlos puede ayudar a decidir escogiendo la mejor alternativa.
  • Falta de tiempo: uno de los principales problemas que surgen a la hora de decidir es la relación entre el nivel de complejidad de la decisión y el tiempo disponible para tomarla. Lo ideal es no apurar una decisión importante.
  • Trabajar con el problema equivocado : Daniel Kahneman fue el primer psicólogo que recibió el Premio Nobel de Economía (2002) por desarrollar distintos tipos de investigaciones en las que demuestra que tomamos decisiones más allá de la racionalidad lógica y consciente. Sus estudios señalan que la manera en que se comunica una situación construye el marco o punto de vista del problema y éste determina todo el proceso de toma de decisiones.
  • Fallar en la identificación de lo que se desea : si nos equivocamos en identificar nuestros objetivos, erraremos el camino.
  • No explorar todas las alternativas posibles : aparece sobre todo cuando hay que tomar una decisión para resolver un problema nunca experimentado.
  • No ver consecuencias que son cruciales : esto sucede cuando no advertimos la influencia determinante que tienen las variables intervinientes y su impacto en el futuro próximo.
  • Perder de vista el objetivo principal : cuando existen objetivos contradictorios necesitamos lograr el equilibrio entre ellos sin caer en la ilusión de la complementariedad de los opuestos.
  • Dilación indebida: muchas veces no se toma una decisión por las emociones negativas que trae aparejadas. En general, ese tipo de demoras sólo agranda los problemas.
  • No prestar atención a la incertidumbre : la incertidumbre es parte de la vida. Sin embargo, podemos reducir el grado de desconocimiento de la situación que enfrentamos utilizando herramientas que permiten evaluar y comparar las alternativas que nos acercan al resultado deseado.
  • No medir nuestra tolerancia al riesgo : expone a situaciones poco conocidas donde se tiende a decidir de modo irracional, presentando aversión al riesgo o bien propensión al mismo.
  • Fallar en el timing cuando las decisiones están concatenadas : Ocurre cuando no tenemos en cuenta los pasos sucesivos que se dan en un proceso determinado.
  • Guiarse sólo por impulsos : la percepción de una situación actual está determinada por las emociones que se generaron en experiencias pasadas a las que se asocia esta nueva. Por lo tanto, se termina respondiendo como en el pasado.
  • Parálisis por análisis, miedo o desorientación : No decidir es también una decisión, la peor de todas.
  • Profecías autocumplidas : se orienta la conducta hacia acciones que provocan la realidad temida o anhelada. Lo cierto es que, ante una elección relevante, la persona necesita salir de su zona de confort para analizar, con la mayor amplitud posible, lo que está en juego. Y si bien muchos de los aspectos de la elección están fuera de su control, conocimiento o comprensión, existen ciertas trampas a las que hay que prestar atención para no caer en ellas al decidir.
  • TOMAR CORAJE

    Para ahorrar energía, el cerebro funciona según a la información que tiene registrada. Se guía por las impresiones, tendencias, estimaciones, recuerdos, datos e ideas iniciales. La humana tendencia a responder con estereotipos nos hace buscar certezas, asociando fenómenos que no tienen ninguna relación entre sí. También es frecuente elegir la alternativa que perpetúa la situación actual, ya que nos sentimos seguros cuando podemos controlar lo que vivimos. Por eso resulta muy común que sólo se busque información que apoya las intuiciones, opiniones o perspectivas actuales, y se dejen de lado aquellas evidencias que las contrarían. Cuando alguien confía demasiado en sí mismo, la gama de alternativas se reduce mucho y así queda muy acotada la decisión por tomar. También puede ocurrir lo contrario: ser excesivamente prudente y hacer estimaciones muy conservadoras, lo que puede llevar a decisiones equivocadas. Al considerar los peores escenarios, se toman demasiados recaudos, se presupuestan grandes costos para evitar los aspectos negativos y son pocos los beneficios que se obtienen.
    Es sabido que los sucesos dramáticos o trágicos dejan sus marcas en el aparato psíquico que afectan las elecciones futuras. Tendemos a elegir de manera de justificar nuestras elecciones pasadas. Muchas veces, más de lo que se reconoce públicamente, al decidir creemos que seremos favorecidos por entidades sobrenaturales porque somos especiales. Decidir es difícil porque significa aceptar que no se puede todo, que una alternativa descarta la otra. Significa, básicamente, que al tomar un camino, necesariamente se deja otro sin transitar. Y esto cuesta. Además, ante una situación nueva, nuestra zona de confort se ve amenazada y tendemos a responder con los patrones dominantes de pensamientos. Entre otras cosas aparecen prejuicios, creencias, dogmas y principios que gobiernan el comportamiento. Frente a lo nuevo hay que contar con el coraje de tolerar la ambigüedad, la inconsistencia y la incertidumbre.
    Pensar de modo creativo requiere la aptitud de asociar entre dos o más ideas diferentes, ir más allá de lo conocido y creado. Tener la audacia de pensar cuántos puntos de vista diferentes hay para dar respuesta a ese nuevo problema que plantea un desafío. Leonardo da Vinci decía que algo no podía ser comprendido hasta que no fuera observado por lo menos desde cuatro perspectivas diferentes. Para ello es necesario desestructurar los modelos mentales (¡algo ciertamente difícil!). Toda decisión creativa es producto de haber tomado riesgos, ya que la comodidad es enemiga de la grandeza..

    martes, 18 de febrero de 2014

    Una investigación de científicos argentinos sobre la memoria: Los mozos del Café "Tortoni"



    La memoria de los mozos, al descubierto

    Lo revelaron investigadores argentinos, que acaban de publicar los resultados de su estudio en la revista Behavioural Neurology

    Noticias de Ciencia/Salud
    Domingo 9 de agosto de 2009
    Nora Bär
    LA NACION
    Parafraseando a Horacio Ferrer, se podría decir que los mozos de Buenos Aires tienen un qué sé yo: son capaces de tomar pedidos diferentes de varias mesas, volver y entregar los platos y bebidas sin equivocarse. ¿Cómo hacen?
    Al parecer, tras años de entrenamiento, aprenden a construir un mapa mental que vincula la cara de sus clientes con un lugar en la mesa.
    Encontrar la respuesta a esta pregunta llevó a un grupo de científicos argentinos a realizar una investigación que acaba de publicarse en la revista Behavioural Neurology y cuya metodología sorprende por su audacia. Es tan innovadora que otros investigadores la califican de "antropología experimental" o de "neuropsicología social" porque, en lugar de llevar a los mozos a un laboratorio, como suele hacerse, lograron dilucidar sus procesos cognitivos "en vivo y en directo".
    En 2003, durante un encuentro con otros siete amigos en el Café Tortoni, Facundo Manes, director del Instituto de Neurología y Medicina Experimental, y del Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro, se preguntó cómo podía ser que los mozos argentinos recordaran tantos pedidos sin anotar.
    "En los Estados Unidos ?dice Manes?, anotan tanto los mozos de los restaurantes más distinguidos como los estudiantes universitarios que trabajan en cafés populares. Este era un experimento que sólo podía hacerse en la Argentina."
    Admitiendo que los mozos son expertos memoriosos, Manes y su equipo, encabezado por Tristán Bekinschtein, primer autor del trabajo, e integrado también por Julián Cardozo, diseñaron un experimento que permitiera entender qué estrategias emplean.
    "De hecho ?cuenta Bekinschtein, que participa en la conversación a través de la línea telefónica desde Londres, donde está completando su formación?, en la bibliografía sólo dimos con un antecedente acerca de un mozo que se había autoentrenado con un sistema complicadísimo."
    Durante varias semanas, Bekinschtein, Manes y Cardozo visitaron los bares clásicos porteños (el Tortoni, el London City, el Británico, La Ideal y otros) siempre con otras cinco personas. Se sentaban, pedían y, cuando el mozo no los veía, los ocho se cambiaban de lugar. "El mozo volvía con las bebidas y, claro, algo había cambiado ?dice Bekinschtein?. Después medíamos si los mozos cometían errores al servir los pedidos."
    A partir del número de aciertos y errores, los científicos pudieron analizar los procesos mentales de los mozos. "Si sólo hubieran memorizado las caras y lo que pedíamos, entonces no hubieran tenido problemas en servirle su pedido a cada comensal ?agrega?. Si, por el contrario, la estrategia de los mozos radicara en asociar el lugar en el que están sentados los clientes con el pedido, entonces lo servirían en la ubicación correcta, pero a la persona equivocada."
    Los resultados fueron casi siempre una mezcla de ambas situaciones: algunos mozos volvían y dejaban los pedidos en el lugar de la mesa "correcto" (pero no a la persona correcta) y otros se los entregaban a las personas correctas, a pesar de que ahora éstas estuvieran en otro lugar de la mesa. "Generaban un mapa de personas en ubicaciones específicas y asociadas con los pedidos", dice Manes.
    "Los mozos [que en este experimento tenían entre 9 y 17 años de experiencia] aprenden a incorporar estos «esquemas» de memoria y llenarlos con los datos de cada mesa cuando nuevos clientes hacen su pedido ?dice Bekinschtein?. Al cambiarse de lugar, el esquema se rompe y esta «memoria especial» ya no funciona. Por suerte, ¡no todos los comensales experimentan con los mozos!"
    "Algo interesante de nuestro experimento es que arroja evidencias de que la «memoria de trabajo» no duraría sólo segundos, como se cree", dice Manes. Y enseguida reflexiona Bekinschtein: "Además, es bastante resistente a las interferencias, porque el mozo maneja varios pedidos simultáneamente. Decididamente, está utilizando alguna otra red o agrandando su red de trabajo para poder mantener semejante cantidad de ítems para utilizarlos 10 minutos más tarde y, al mismo tiempo, atender otras mesas..."
    Para Diego Golombek, investigador en neurociencias y ritmos circadianos, que no participó en el trabajo, la investigación muestra que los mozos emplean más una estrategia de memoria espacial, que de reconocimiento de caras. "Justamente, las actividades y experiencias de todos los días son un punto de partida muy estimulante para encontrar una pregunta científica y buscar la respuesta de manera experimental ?afirma?. Este es un ejemplo más de que las neurociencias cognitivas, un área muy relegada en el país, donde la psicología ha sido históricamente una disciplina casi exclusivamente clínica, están creciendo en la Argentina."
    Por su parte, Mitul Mehta, de la División de Neurociencias y Salud Mental del Imperial Collage, de Londres, respondió por via electrónica que el trabajo coincide con algunas ideas emergentes de que la memoria experta depende de algunas regiones específicas del cerebro que se utilizan para la atención y para trazar estrategias. "Si esto es así ?escribió?, con las estrategias correctas y la atención indispensable cualquiera puede convertirse en experto."
    Hace varios años, neurocientíficos ingleses investigaron la memoria de los taxistas de Londres, porque observaban que tenían la capacidad de navegar en las innumerables callejuelas de la capital británica con gran facilidad. Vieron que estos tenían más desarrollada un área del cerebro relacionada con la memoria, el "hipocampo", pero no supieron cómo funcionaba esa destreza.
    En todo caso, dadas las evidencias que existen sobre la importancia de ejercitar la memoria, cabe preguntarse si los mozos, que deben mantenerla tan ágil, alejan así el riesgo de demencia en la vejez. "El tema está sujeto a controversia ?concluye Manes?. Para confirmarlo, habría que volver a revisarlos dentro de un par de décadas."
    Con la colaboración de Ezequiel Vinacour

    Qué dicen los mozos memoriosos

    • "El trabajo es lo que estimula la memoria. La verdad... no se cómo hago para acordarme de todo. Tengo mucha memoria. Atiendo cinco o seis mesas a la vez y en 32 años nunca tuve miedo de no recordar los pedidos."
    • "Generalmente atendemos entre 15 y 20 clientes a la vez, pero a veces ese número es mucho más grande. Ayer, un compañero atendió él solo a 60 clientes."
    CARLOS ALBERTO MESA
    64 años; desde hace 32, trabaja en Las Cuartetas
    • "Al principio, me costó agilizar la mente, porque acá trabajamos sin anotar nada. En esta casa, todo es cantado. La atención así es más rápida."
    • "Somos 22 mozos, que atendemos unos 400 o 500 cubiertos los viernes, y los sábados llegamos hasta los 500 o 600. Si no estás fuerte de la memoria, es imposible hacer este trabajo."
    CLAUDIO ALEJANDRO ESPERANZA
    37 años; desde hace 5, trabaja en Chiquilín
    • "Lo más importante en el tema de la memoria es querer el trabajo que hacés. Amar tu oficio es fundamental para aprender a ejercitar la memoria y retener los pedidos."
    • "No uso ninguna mnemotecnia. Uso las sonrisas y la buena disposición porque una buena atención es clave para hacer bien tu trabajo."
    LUIS JUAREZ
    61 años; desde hace 40, trabaja en La Biela

    Formas de conocimiento: Memoria

    Formas de conocimiento: Intuición